La verdadera fortaleza se demuestra protegiendo lo que amas


La auténtica fortaleza se halla en esa mente y ese corazón que entiende cuáles son sus prioridades vitales. El hecho de ser madres, de ser padres, nos introduce de pleno en ese gran universo donde de pronto, nos convertimos en gigantes emocionales, en héroes de la superación y en artesanos del afecto más puro, más paciente e inmenso: ese que sentimos hacia nuestros hijos.
A menudo suele decirse aquello de que las personas nacemos dos veces. El primer nacimiento es el biológico. El segundo es cuando uno hace frente a un reto, a una adversidad para salir fortalecido de ese bache vital renaciendo en una persona nueva, en alguien mucho más valiente. Ahora bien, algo que todos sabemos es que el acto de convertirnos en padres supone también una transformación personal llena de retos, llena de particularidades que también dan paso a una versión de nosotros mismos que no conocíamos: alguien mucho más fuerte.

Hoy en “Eres Mamá” queremos enfatizar esta idea. Si en la actualidad estás pasando por un instante de crisis personal, ahí donde el cansancio, los miedos y los pensamientos negativos te atenazan, te proponemos reflexionar en estas dimensiones para que encuentres aliento, fuerza y motivación. Porque en tu interior se esconde una fortaleza inconmensurable, maravillosa y muy poderosa.
No importa el cansancio, la falta de sueño o que tus días sean de 26 horas
Después de dar a luz llegó a una época de la que nadie te había hablado. El puerperio duele, tu cuerpo no responde, no te identificas con ese vientre hinchado, y además, tienes junto a ti a una criatura que ansía ser alimentada, que te necesita de forma intensa, voraz, casi desesperada.
  • Durante un tiempo llegaste a pensar que no podrías con ello, y sin embargo, mírate ahora: lo has hecho realmente bien.
  • Sacaste fortaleza de dónde no pensabas que tenías, hallaste una energía que hasta el momento tenías dormida, distraída y diluida en esa cotidianidad en la que uno, se limita solo a preocuparse de sí mismo.
  • Sin embargo, cuando tienes en tus brazos algo que amas con una inmensidad profunda y arrolladora, tu cerebro se reorganiza, tu corazón amplía salas y territorios y acoges en él a ese hijo que protegerás cada día de tu vida.
Tienes soluciones acertadas para momentos desesperados
Hay muchas discrepancias sobre si el instinto maternal o paternal existe realmente. ¿Nacemos quizá programados para saber cómo criar y atender a un niño? En realidad no, nadie llega al mundo siendo un licenciado en crianza y un doctorado en cólicos, rabietas y llantos nocturnos.
  • Ahora bien, el instinto maternal acontece por sí mismo en el momento en que damos a luz o en que empezamos a responsabilizarnos de un bebé. El cerebro se reorganiza y se desarrolla en nosotros esa necesidad por garantizar la supervivencia y el bienestar del niño.
  • Ese instinto regulado por nuestras emociones nos convierten de pronto, en arquitectos de las soluciones más originales para los momentos desesperados.
  • Entiendes muy bien que si el bebé llora por la noche, no habrá nada mejor que permitir que se duerma en tus brazos.
  • Papá descubre también que llevarlo en brazos boca abajo durante unos minutos mientras lo balancea, puede aliviar sus cólicos y reflujos.
Casi sin saber cómo, nuestro instinto de protección afianza en nuestro ser conductas y respuestas innovadoras que nadie nos había enseñado antes.


Respira, lo estás haciendo muy bien: toda tú eres fortaleza
Sobre los hombros de las mamás recaen hoy en día muchas presiones a las que deben hacer frente para seguir avanzado en modernidad, en respeto y en igualdad.
  • La sociedad actual ya no relaciona en exclusiva a la mujer en el ámbito privado y de crianza. Ahora, se espera de ella que triunfe en todos los ámbitos de su vida: el profesional, el social y el personal. Además de una súper mamá, debe ser eficaz en el trabajo, cumplidora en el hogar, exitosa socialmente y una excelente compañera para su pareja.
  • Hemos pasado de un rol a un “multirol” que en ocasiones, nos desborda y asfixia.
Las presiones laborales provocan muchas veces que no dispongamos de tanto tiempo como nos gustaría para atender a los hijos. Todo ello, nos hace caer en la sensación de que “lo estamos haciendo mal”, una idea que de no enfocar de forma distinta, hará que derivemos en cierto derrotismo.

Para convencerte de tus fortalezas, te proponemos reflexionar en las siguientes ideas.

Eres fuerte porque…
  •     Eres fuerte porque cuentas con una pareja que no te deja caer y porque entre los dos, lo estáis haciendo bien.
  •     Eres fuerte porque sabes cuál es tu prioridad y la tienes presente a cada instante
  •     Eres fuerte porque a pesar de que a veces llores a escondidas o te encierres un minuto en tu habitación para coger aire, vuelves al instante con los ánimos renovados y con más energía que antes.
  •     Eres fuerte porque cada día tu niño crece en felicidad, porque cuando te mira se aplacan las dudas y los miedos.
  •     Eres fuerte porque no te importa renunciar a cualquier cosa con tal de compartir tiempo e instantes con tu niño.
Por último, y no menos importante, recuerda que el origen de nuestra fortaleza reside precisamente en nuestra sensibilidad, en esa cercanía afectiva que tanto te caracteriza a ti como persona. Ten en cuenta también que las personas fuertes también necesitan ayuda de vez en cuando. Ten siempre una buena red de apoyo donde poder delegar responsabilidades y facilitar el desahogo emocional.


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